Falta de deseo sexual: ¿Por qué no tengo ganas?

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Tengo menos deseo sexual: ¿debo preocuparme?

¿Últimamente tienes menos ganas de tener relaciones sexuales? ¿Te cuesta tomar la iniciativa, notas que el sexo ha dejado de ser importante o sientes que lo haces más por compromiso que porque realmente te apetece?

Quizá antes sentías más deseo sexual y ahora apenas piensas en el sexo. O puede que tengas menos ganas que tu pareja y eso esté generando discusiones, distancia o sentimientos de culpa. Incluso es posible que hayas empezado a evitar algunos momentos de intimidad porque temes que terminen en una situación sexual que no quieres.

Cuando el deseo sexual disminuye, es fácil preguntarse qué está pasando: ¿es normal que tenga menos ganas?, ¿significa que ya no me atrae mi pareja?, ¿y si algo no funciona bien en mí?

Si te reconoces en alguna de estas situaciones, quiero empezar por algo importante: tener menos deseo sexual no significa necesariamente que haya algo malo en ti ni que tengas que cambiarlo. El deseo sexual varía a lo largo de la vida y no existe una frecuencia sexual que sea adecuada para todo el mundo.

Lo importante no es solo cuánto deseo sientes, sino cómo vives ese cambio, si te preocupa y qué lugar quieres que ocupe la sexualidad en tu vida. No es lo mismo estar a gusto con pocas ganas que sufrir por esa disminución o sentir que tienes que mantener relaciones sexuales para cumplir con las expectativas de otra persona.

En este artículo te explico por qué puede disminuir el deseo sexual, cuándo puede ser útil prestarle atención y qué puedes hacer para comprender mejor lo que te está ocurriendo.

👉 Antes de seguir: quizás te ayude entender cómo funciona el deseo sexual. Conocer sus mecanismos puede ayudarte a mirar tu experiencia con menos culpa y exigencia. Te lo explico todo en este artículo: 8 cosas que nunca te contaron sobre el deseo sexual

¿Qué significa tener poco deseo sexual?

El deseo sexual es el interés o las ganas de vivir una experiencia erótica. Puede aparecer en forma de pensamientos o fantasías sexuales, curiosidad por explorar tu sexualidad, ganas de masturbarte o interés por compartir un encuentro íntimo con otra persona.

El deseo sexual no siempre aparece de la misma forma. A veces surge espontáneamente, sin que haya ocurrido nada en particular. Otras veces, puede surgir mientras compartes un momento de intimidad que te resulta agradable y en el que te sientes a gusto. Hablamos, respectivamente, de deseo espontáneo y deseo responsivo.

Conocer estas dos formas de experimentar el deseo puede ayudarte a comprender mejor tus propias respuestas. Te lo explico con más detalle en mi artículo sobre el deseo sexual.

Eso sí, que el deseo pueda aparecer durante el encuentro sexual no significa que tengas que empezarlo sin ganas. Puedes sentir curiosidad o disposición para explorar, pero el deseo no siempre aparece y no tienes que continuar si deja de apetecerte. Tú decides en todo momento si quieres seguir.

También es posible que el deseo se manifieste de manera diferente según la experiencia. Por ejemplo, puedes tener ganas de masturbarte y no sentir el mismo interés por mantener relaciones sexuales con tu pareja. El deseo en solitario y el deseo hacia la pareja no siempre coinciden, y esto, por sí solo, no permite concluir que hayas perdido el interés sexual.

Por otra parte, el deseo sexual y la excitación física no son lo mismo. Tu cuerpo puede responder a un estímulo erótico sin que quieras mantener relaciones sexuales. Del mismo modo, puedes sentir interés sexual sin que tu cuerpo responda inmediatamente. Las sensaciones físicas y las ganas no siempre coinciden, y ninguna de ellas, por sí sola, determina lo que quieres hacer.

Comprender estos matices permite mirar el deseo sexual de una forma más amplia, sin reducirlo a tener o no tener ganas.

¿Cuándo hablamos de un problema de deseo sexual?

Tener falta de deseo no basta, por sí solo, para establecer un diagnóstico, ya que puede tratarse de una etapa, de un cambio relacionado con tus circunstancias o, sencillamente, de una forma de vivir la sexualidad que no te genera malestar.

En el DSM-5-TR, el trastorno del interés/excitación sexual femenino contempla dificultades que se mantienen en el tiempo relacionadas con el interés, la excitación o el disfrute de la actividad sexual, acompañadas de malestar clínicamente significativo.

Por eso, no se trata de comprobar si cumples una frecuencia sexual determinada, sino de comprender tu experiencia: si el deseo ha cambiado respecto a otras etapas, cómo te sientes con ello y si hay circunstancias físicas, emocionales, relacionales o contextuales que puedan estar influyendo.

Esta distinción también se ha estudiado. En 2025, Stotz y sus colaboradores publicaron una revisión sistemática de 19 estudios sobre los factores asociados al malestar por una función sexual baja en mujeres premenopáusicas. Los resultados mostraron que el malestar estaba relacionado no solo con las dificultades sexuales, sino también con factores como la satisfacción sexual, los síntomas de ansiedad o depresión, la comunicación en pareja y el apoyo recibido.

Estos resultados ayudan a comprender que la experiencia sexual no puede valorarse atendiendo únicamente a la presencia de dificultades. También importa cómo las vive la persona y qué está ocurriendo en su contexto.

¿Por qué puede disminuir el deseo sexual?

Cuando sientes que te falta deseo sexual, es normal que te preguntes qué te está pasando. Quizás piensas que tienes un problema hormonal, o estás atravesando una etapa difícil a nivel emocional o te preguntes si algo ha cambiado en tu relación de pareja.

Sería más fácil encontrar una única explicación, sin embargo, el deseo sexual está influido por mucho aspectos de nuestra vida. Cómo te encuentras física y emocionalmente, las experiencias que has vivido, la relación con tu pareja y las circunstancias del día a día pueden influir en tus ganas.

Esta visión coincide con la investigación de Son y colaboradores (2025), que estudió cómo explicaban su bajo deseo sexual 130 mujeres con pareja masculina. Las participantes señalaron factores psicológicos e individuales, relacionales, biológicos y socioculturales, entre otros. Muchas identificaron más de un tipo de factor, lo que refleja que el deseo sexual no siempre tiene una única causa.

Esto no significa que todas las personas reaccionemos igual ante las mismas circunstancias. Lo que influye en tu deseo puede ser diferente de lo que influye en el de otra persona. Por eso, más que buscar una causa universal, se trata de comprender qué estás viviendo tú y cómo puede estar afectando a tu sexualidad.

Factores físicos: cuando tu cuerpo influye

Los cambios que experimenta nuestro cuerpo pueden influir en el deseo sexual, aunque su efecto varía de una persona a otra.

Algunos ejemplos son:

  • Los cambios hormonales en las distintas etapas vitales. El posparto, la lactancia y la transición a la menopausia pueden coincidir con cambios en el deseo.
  • Algunos problemas de salud: Cuando una enfermedad afecta a tu bienestar, tu energía o cómo te sientes físicamente, es posible que también influya en tus ganas de tener relaciones sexuales.
  • Determinados medicamentos. Algunos antidepresivos y anticonceptivos hormonales pueden influir en el deseo sexual, aunque no todas las personas experimentan los mismos efectos.
  • El dolor o las molestias durante las relaciones sexuales. Si las relaciones sexuales resultan dolorosas o incómodas, es comprensible que te cueste volver a repetirlas.
  • El cansancio y la falta de sueño. Dormir mal o sentir agotamiento de forma continuada puede reducir tu disponibilidad para la intimidad.

Que estés atravesando alguna de estas situaciones no significa que explique por sí sola lo que te ocurre. Por ejemplo, la menopausia no implica que vayas a perder el deseo sexual, del mismo modo que tomar una medicación no significa que necesariamente vaya a afectar a tus ganas.

Si has notado un cambio persistente coincidiendo con síntomas físicos o con el inicio de un tratamiento, puede ser útil consultarlo con un profesional sanitario. No tienes que resignarte a convivir con las molestias ni modificar la medicación por tu cuenta.

Factores psicológicos y emocionales: cuando tienes la cabeza en otra parte

Quizá te haya pasado alguna vez: llegas a la cama agotado o agotada, pero tu cabeza sigue repasando todo lo que tienes pendiente. O estás atravesando una etapa complicada y, aunque te gustaría sentirte más disponible para la intimidad, simplemente no te sale.

Lo que estás viviendo emocionalmente también puede influir en tu deseo sexual.

Algunas circunstancias que conviene tener en cuenta son:

  • El estrés y las preocupaciones. Cuando tu cabeza está ocupada resolviendo problemas, pensando en el trabajo o anticipando lo que puede salir mal, puede costarte desconectar y prestar atención a lo que te apetece.
  • El cansancio emocional. Sentir que estás sosteniendo demasiadas cosas puede dejarte con menos disponibilidad para el encuentro sexual.
  • El estado de ánimo. Atravesar una etapa de tristeza, preocupación o malestar emocional puede influir en tu interés por el sexo, aunque no ocurre de la misma manera en todas las personas.
  • La presión por tener deseo o disfrutar. Si estás pendiente de comprobar si tienes ganas, de excitarte o de responder de una determinada manera, puede resultar difícil dejarte llevar. El encuentro puede acabar convirtiéndose en algo que tienes que conseguir en lugar de una experiencia que deseas disfrutar.
  • Cómo te sientes con tu cuerpo: Si te preocupa tu imagen o te cuesta sentirte a gusto con tu cuerpo, quizá te resulte difícil mostrarte con tranquilidad durante la intimidad. Aunque esto no ocurre igual en todas las personas, merece la pena explorar cómo te afecta a ti.
  • Las experiencias sexuales previas. Quizá hayas crecido pensando que siempre deberías tener ganas, que el sexo es algo de lo que hay que avergonzarse o que existen formas correctas e incorrectas de vivirlo. Estas creencias pueden generar culpa, inseguridad o presión.
  • Las creencias aprendidas sobre la sexualidad. La vergüenza, la culpa o la idea de que hay una manera correcta de vivir el sexo pueden dificultar que identifiques qué te gusta y qué deseas realmente.

Las creencias culturales también pueden influir en cómo interpretas tus ganas. Por ejemplo, Smets, Miller y Leys (2025) estudiaron la relación entre los guiones heterosexuales y el deseo sexual de las mujeres en pareja. En su muestra, una mayor adhesión a la idea de que los hombres tienen más deseo sexual que las mujeres se asoció con un menor deseo declarado.

¿Por qué merece la pena tener esto en cuenta? Porque, si has aprendido que tu pareja debería tener más ganas que tú o que tú deberías estar siempre disponible sexualmente, puedes acabar interpretando tus propios cambios como una señal de que algo falla en ti. Y esa interpretación puede añadir culpa y presión a lo que ya estás viviendo.

Nada de esto significa que haya algo malo en ti. Se trata de mirar tu historia y tu momento actual con curiosidad, sin juzgarte, para comprender qué puede estar influyendo en tus ganas.

Factores relacionales: lo que sucede entre vosotros también importa

La forma en que te sientes con tu pareja y cómo vivís los encuentros sexuales pueden influir en tu deseo.

Quizá os queréis, pero últimamente discutís más. Puede que haya cosas que te molestan y que no has sabido cómo expresar, o que eches de menos sentir más cercanía y complicidad. También es posible que tengáis ganas de tener relaciones con distinta frecuencia y no sepáis cómo manejar esa diferencia.

Algunas situaciones que pueden influir son:

  • Los conflictos y el malestar acumulado. Las discusiones frecuentes, el resentimiento o la sensación de que tus necesidades no se tienen en cuenta, pueden dificultar la conexión íntima.
  • Las diferencias en el deseo sexual. Si una persona quiere mantener relaciones con más frecuencia que la otra, pueden aparecer reproches, frustración, culpa o miedo a decepcionar, el sexo puede empezar a vivirse con presión.
  • La comunicación sobre el sexo. Si te cuesta expresar tus preferencias, decir que algo no te apetece o pedir lo que necesitas para disfrutar, los encuentros pueden acabar alejándose de lo que realmente deseas.
  • La calidad de las experiencias sexuales. Si el sexo suele resultar incómodo, poco satisfactorio o centrado en las expectativas de una sola persona, puede disminuir el interés por repetir esos encuentros.
  • La presión para mantener relaciones. Si sientes que tienes que acceder para evitar una discusión, tranquilizar a tu pareja o demostrarle tu amor, la intimidad puede empezar a vivirse como una obligación.

La investigación de Araújo y Zanello (2024), «Solo quiero cariño: mujeres y deseo sexual en relaciones largas»—. Las autoras exploraron cómo la educación sexista, las asimetrías en las relaciones y los dilemas de la maternidad aparecían en sus experiencias de disminución del deseo. Este estudio invita a considerar una cuestión importante: la intimidad no depende únicamente de tener ganas, sino también de cómo te sientes en la relación y de cómo se viven los encuentros.

A veces, incluso el contacto afectivo puede generar tensión si sientes que un abrazo, una caricia o un beso terminarán convirtiéndose en una invitación sexual que tendrás que aceptar o rechazar. Poder disfrutar de la cercanía sin sentir que debes llegar a algo más también puede ayudarte a vivir la intimidad con mayor tranquilidad.

La rutina también puede influir. Si los encuentros siguen siempre el mismo patrón y sientes que hay poco espacio para lo que te apetece, puede disminuir tu interés. No significa que necesites vivir experiencias nuevas constantemente ni que una relación estable esté condenada a perder el deseo. Se trata de descubrir qué os ayuda a mantener una intimidad que resulte agradable para ambos.

Y recuerda algo importante: tener menos ganas que tu pareja no significa que le quieras menos. Tampoco necesitas igualar su deseo para demostrar tu amor o compromiso. Lo importante es que podáis hablar de vuestras diferencias sin convertirlas en una obligación para quien tiene menos ganas.

Factores contextuales: cuando apenas queda espacio para la intimidad

A veces intentamos encontrar la explicación dentro de nosotros mismos sin detenernos a mirar cómo estamos viviendo.

Piensa en cómo son tus días últimamente. ¿Llegas al final de la jornada sin energía? ¿Tienes tantas cosas en la cabeza que te cuesta desconectar? ¿Sientes que siempre hay algo pendiente y que apenas encuentras tiempo para ti?

El trabajo, las responsabilidades domésticas, la crianza, los cuidados o las preocupaciones económicas pueden dejar poco espacio para descansar, conectar contigo y compartir intimidad.

La carga mental es un ejemplo claro. Cuando eres quien recuerda las citas, organiza las tareas, anticipa lo que hace falta y está pendiente de que todo funcione, puedes sentir que nunca terminas de desconectar. Y si, además, percibes que las responsabilidades no se reparten de manera equitativa, puede aparecer frustración o resentimiento que también afecte a la relación.

En el estudio de Araújo y Zanello (2024), las experiencias de las mujeres entrevistadas también pusieron de relieve la importancia de las asimetrías en las relaciones y los dilemas asociados a la maternidad. Sus resultados recuerdan que las circunstancias cotidianas y la distribución de responsabilidades forman parte del contexto en el que se vive la sexualidad

También pueden influir cuestiones más prácticas: tener poca privacidad, horarios incompatibles, interrupciones constantes o sentir que solo hay una oportunidad concreta para mantener relaciones y que hay que aprovecharla.

Por supuesto, tener hijos, trabajar mucho o llevar años en pareja no significa que vayas a perder el deseo. Cada persona vive sus circunstancias de una manera diferente. Lo importante es observar qué espacio queda para la intimidad en tu vida y qué necesitas para sentirte a gusto.

Quizá te ayude hacerte algunas preguntas: ¿tienes tiempo para descansar?, ¿puedes desconectar de tus responsabilidades?, ¿sientes que cuentas con apoyo?, ¿hay momentos para compartir cercanía sin prisas ni expectativas?

A veces, comprender qué está pasando con tu deseo también implica reconocer cuánto estás sosteniendo y qué necesitas para sentirte mejor. No se trata de añadir otra obligación a tu día a día, sino de descubrir si hay algo en tus circunstancias que puedas atender o cambiar.

¿Cuál es la frecuencia sexual normal?

¿Te has preguntado alguna vez cuántas veces deberías tener relaciones sexuales para considerar que tu vida sexual es saludable?

Es una duda frecuente, especialmente cuando comparamos nuestra experiencia con la de otras personas o cuando tenemos una pareja que desea mantener relaciones con más frecuencia.

La realidad es que no existe una cifra universal que determine cuánto sexo deberías tener. Hay personas que desean tener relaciones sexuales con frecuencia y otras que sienten menos interés. Algunas están satisfechas con sus encuentros frecuentes y otras, con una frecuencia más baja. También hay etapas en las que las ganas cambian.

Tener relaciones sexuales muchas veces no garantiza que sean satisfactorias. Del mismo modo, tenerlas con poca frecuencia no significa, por sí solo, que exista un problema.

También conviene cuestionar algunas ideas que hemos aprendido sobre el deseo. Por ejemplo, la creencia de que los hombres siempre tienen más ganas que las mujeres. El estudio de Smets, Miller y Leys (2025) encontró una asociación entre la adhesión a este tipo de creencias culturales y un menor deseo sexual declarado por las mujeres de su muestra. Esto nos recuerda que las expectativas sociales también pueden influir en cómo interpretamos nuestras propias ganas.

Quizá hayas llegado a pensar que deberías desear más sexo, que tu frecuencia es demasiado baja o que necesitas esforzarte para recuperar el deseo. Sin embargo, no tienes que mantener relaciones sexuales para alcanzar una cifra determinada ni para demostrar que tu sexualidad funciona correctamente.

Entonces, ¿en qué puedes fijarte?

Estas preguntan pueden ayudarte a reflexionar:

  • ¿Estoy a gusto con tus encuentros sexuales?
  • ¿Disfruto de ellos o siento que tengo que cumplir?
  • ¿Puedo expresar lo que deseo y lo que no me apetece?
  • ¿La sexualidad tiene el lugar que quiero que tenga en mi vida?

No se trata de alcanzar una frecuencia determinada, sino de comprender qué deseas y cómo quieres vivir tu sexualidad. Si estás a gusto con tu frecuencia sexual, no necesitas aumentarla para ajustarte a una norma externa. Si has notado un cambio que te preocupa o tu vida sexual se ha convertido en una fuente de malestar, puedes explorar qué está ocurriendo y qué necesitas.

Si quieres seguir profundizando sobre el deseo sexual

El deseo sexual es un tema amplio y muchas de las preguntas que aparecen durante la lectura merecen una explicación más detallada.

✔️​ 8 cosas que nunca te contaron sobre el deseo sexual
✔️​ Los hombres también dicen NO: La falta deseo sexual masculino
✔️​ La tarea sexual: Cuando el placer se convierte en deber

Referencias científicas

INFORMACIÓN SOBRE ESTE ARTÍCULO
👩‍⚕️ Autora: María Martínez Murillo · Psicóloga General Sanitaria y Sexóloga Clínica · (Col. nº 20957)
📅​ Publicado: Enero 2013 · Actualización Octubre 2026
✒️​ Sobre este contenido: Este artículo combina la evidencia científica disponible con mi experiencia clínica como psicóloga y sexóloga acompañando a personas con dificultades relacionadas con el orgasmo y otras dificultades sexuales. La información de este artículo tiene una finalidad divulgativa y no sustituye una valoración profesional individualizada.

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